Tan solo atisbo consuelo
al presagio de la muerte en vano
en la impoluta contingencia
de existir en clave alguna.
Tan solo atisbo asilo
a la réplica trenzada de manos
en la salvaje trascendencia
de tus átomos en los míos.
Y así soy, en tanto
en cuanto ciñe mi tiempo,
humano de mis balcones.
Y así verso la prosa
que reposa en informes renglones
el piélago de mi aliento.



