jueves, 14 de febrero de 2013

Ven


Escucha bien lo que voy a decirte,
porque será de las pocas veces
que prohíba a la rima
disfrazar lo que ha de ser dicho.
Escúchalo,
porque habrá palabras sin mañana,
que no son,
que serán cuando les digas.
Escucha porque a veces
no es suficiente
callar.
Escúchalo...
Por favor,
ven
y escúchame.

miércoles, 13 de febrero de 2013

No hay amnistía



Aciago tornaba el viento
en tórrida bienvenida,
fugaz el impar aliento,
frecuente la faz rendida.
Clamaba la mar partida
por ríos descomunales,
famélicos comensales
a mesas de exigua vida.

Tañía la fe cosida
al negro blasón retante,
hipérbole enfurecida
de impávido navegante.
Erraba el ardor errante
de avernos adamantinos
su cauce por rudos sinos
de tránsito lacerante.

Demonios de afín semblante
citados a su homilía
tejían sin par flagrante
abismo de tez baldía.
Flamante verdad vacía
relatan diez mil occisos,
que ingenuos más que imprecisos
creyeron en la amnistía.

jueves, 17 de enero de 2013

Burbujas de petróleo



Es cierto, la recuerdo.
No se escondía en absoluto.
Yo leía, sobre aquel viejo tronco,
en astuto ritual de indiferencia.
Recuerdo que rompió mis gafas
con una pedrada impertinente,
como sana trastada,
pues soy consciente, formas aparte,
de que ya no las necesitaba.

Recuerdo el día en que se fue,
pues llovía, a cantaros,
pero no como para ahogarse.
Cuando cesó el chaparrón
la busqué en su maldito castillo.
Seguían allí sus guardianes.
Discutí largo con ellos, pues
rufianes tarados, sólo dejaron paso
al darse cuenta
de que ya no custodiaban nada.

Se me ocurrió volver al tronco
por si venía a buscarme,
aunque lo encontré quemado,
y absurdo.
Sentarme allí pasmado pareció,
no obstante, lo más sensato.
Esperé paciente,
hasta que llegaron los buitres,
y siguieron las brujas,
y aunaron sus garras,
y me echaron.

Discurrí, por aquel entonces,
 que algo tan brillante
sólo podría ocultarse
en el más opaco lugar.
Lo encontré, sin mucho esfuerzo.
Un mar inmenso e inmundo,
de fango insondable,
de brea fundida,
de burbujas de petróleo.
El aire era denso y pegajoso
así que aprendí a no respirar.
Me decidí a bucear en aquella
materia nauseabunda y lúgubre.
De suerte que, a saber por qué y cómo,
cuando ya debería haber muerto,
apareció una nube del fondo
que me sacó de allí volando.

Fue al fin, en el aire,
después de tanto buscar,
que la vi, de lejos.
Deliciosa como siempre,
pero de lejos.
Os diré donde se encuentra,
por si también la andabais buscando.
Ella siemrpe está
en el preciso lugar
en el que tú no estás.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Metáfora de una metáfora



Y se secaron.
Yacen ahora marrones, preciosas,
sobre losas acostumbradas.

Apenas llegar,
son ya ancianas piadosas;
puras y sabias, alzan sus alas
en efímero viaje, guarecidas
por soplidos incesantes, silenciosos.

Contornos disonantes preservan
su ser profano en voluble trazo
de caóticas grecas, tildadas
por dulce error de imprecisas.

Mientras, frágiles muecas cómplices,
en explícita ayuda, verdean
limítrofes relatos que adulan,
con irónica destreza,
conatos de existencia eterna.

Se esparcen, desaparecen;
inventan sobre ajeno tallo
moralejas imprescindibles,
resueltas, al fin y al cabo,
a ser el verso más bello
que, infalible, en su rima muera.

Sus sueños vueltos hacia afuera,
resta a la cima el peldaño
que desciende hacia el olvido,
inicuo apodo el de longevo,
temido el daño acumulado.

No es algo nuevo. Llegó el otoño
y se secaron.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Fábulas rotas



Transcrita en rotunda tinta
de público y gris glosario,
jamás distinta,
detalla el escenario
de pálidas derrotas.
Parcas notas,
enjambre entramado
de fábulas rotas,
sangrado
por ciegas voces.
Versos veloces
mueren.
¿Son atroces
porque hieren?
Sí.

martes, 27 de noviembre de 2012

Vacío insaciable



Explotaron las frases arrancadas
en tormenta de anónimas vocales,
revelando santísimos grïales
donde antaño moraban falsas hadas.

Se fugaron razones enjauladas
de entre vanos barrotes lacrimales,
declarándose víctimas fatales,
con estancos errores enjuiciadas.

Se cubrió la memoria de corteza,
que fraguada en su lava de insustancia
cobra inédita y áspera belleza.

La verdad advertida en tal proeza,
que es engaño infinito la ignorancia
y es vacío insaciable la certeza.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Me gustaría decir que sí (fragmento)



[...]


Sobre todo, me gustaría viajar
y que viajases de mi mano.
Te encantaría encontrar
los mil lagos que he soñado.
Los albores, tan sutiles,
nos traerían el recado
de que es nuevo el nuevo día
y ni noche es el pasado.
Y los bosques, y los cielos,
y las aves, y los peces,
y las flores, y los ríos,
mecerían con cuidado
nuestras almas sin cadenas,
tus pupilas ya sin pena…

Me gustaría decir que sí.
Me gustaría recordar
aquella vez; eras feliz,
y fui yo quien te hizo así.

Apenas



La intención es vana;

la fuerza, efímera;

la razón, disparatada;

la esperanza, una cárcel
cuyos negros barrotes,
estrechos e insultantes,
muestran un allá inalcanzable,
un recuerdo inolvidable;

la distancia, un tenaz veneno;

el tiempo, un engaño infinito,
un presente eterno y vacío
que devora el futuro
para enterrar el pasado;

la luz, opaca;

el espacio, denso, desigual;

la lluvia, lo único que seca,
lo único que queda;

el sentimiento es áspero,
casi puntiagudo,
es un cristal engañoso
del color de las rosas,
del color de la sangre;

el sentimiento es el caos,
mas el único sentido;
es la estrella en cada noche
que Morfeo fue abatido,
el reproche de un fantoche,
que aunque hiriente y malherido,
te recuerda en un latido
qué es la muerte y dónde hay vida,
que aun fingida y abatida
e infalible hacia el olvido
brilla el trecho recorrido
en que vive compartida.


Mas la vida…
unas cuatro líneas
cortadas sin piedad, sin orden,
que apenas roban algo
de su blanco a la cuartilla.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Luciérnagas



No será la voz leyenda,
ni la fuerza ajena.
No será el epílogo
la ominosa y lumínica estela
que huraños cometas tracen
entre vanas cordilleras,
que audazmente disfrace
entre sombra omnipresente
un vacuo fin
de febril deseo,
la aceptación de una orden
carente de alternativa
de decisión meditada
con esperanza acometida.
No serán las impropias máquinas
quienes resuelvan la noche,
sino las luciérnagas.
No será el espacio
un pliego vacío y conforme,
sino brillante, enorme e insuficiente.
No será la lluvia
el autómata sirviente
de periódicas estaciones.
No será la muerte una cura
al tenaz y endeble sino
que sin mérito perdura.
No será el fuego a la yesca,
ni el mar a los ríos,
ni el diablo al averno.
No lo será, a buen seguro,
porque dejará de serlo.

Se acuerda el cielo



Llueve a cántaros en mi ventana.
Las tormentas comienzan rápido
y, como los versos, terminan
sin llegar hasta el final
y hasta que llega el siguiente.
Son ruidosas, bellísimas,
y se acaban.
Impertinentes, salvajes,
y se acaban.
Toco mi ventana y noto
que ya empezó a secarse.
No hará falta empañar este papel.
A veces, si te olvidas llorar,
se acuerda el cielo.