A veces no ha lugar abrir los ojos.
Hace muchos poemas
que no merece la pena
respirar o hundir la sienes
en la promesa de su metáfora.
A veces el sentido es democrático,
y por tanto falacia prima,
si al menos logra adherirse
a la demanda de la vigilia.
A veces no ha lugar
el comienzo.
Más henos aquí hendidos
de dictado principio.