viernes, 17 de febrero de 2017

El viento




Me vacía el viento de esencias perennes,
me miente el oído y me inunda
el tacto; me arrastra la vista
en su incoloro
capricho de trastadas fugaces;
me extraña en su memoria
de futuro incierto y me mece
en su hondo abrazo a lo volátil.

Me despoja de mí a un punto
que me priva de saber
si agradecérselo.

lunes, 13 de febrero de 2017

Tras el bedelio

 


Entre azares de frágil estampida
y embozadas en brillos suplicantes,
trastabillan ajados caminantes
contra briznas de tierra prometida.

Enseguida comienza la batida
de avizores y sórdidos rumiantes
que devoran ahoras en los antes
y durantes en fe sobrevenida.

Despojados de ornatos apremiantes
culebrean cetrinos evangelios
a los pies de medrosos peregrinos.

Mas purgado el camino de bedelios,
se confiesan sus cojos Rocinantes
aludidos gigantes y molinos.



viernes, 10 de febrero de 2017

Mis guantes



El chico esbelto del ático aguardaba en el ascensor. Tras cuatro pisos comenzó a hablar del tiempo. Su voz ausente propagaba madera astillada por la espalda. Dijo que le gustaban mis guantes. Cuando quise mirar mis manos desnudas oí un golpe acolchado. Él se agachó a coger algo. Traté de pulsar el botón de abrir la puerta, pero sólo logré ensangrentar el panel con mi cúbito impotente.


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Microrrelato seleccionado para publicar en la antología: III Concurso de microrrelatos de terror "Microterrores"

Entidad organizadora: Diversidad literaria



jueves, 2 de febrero de 2017

Maese tontolaba



Me dirijo a usted, maese tontolaba,
erudito excelso en la alquimia
que transforma la forma cuidada
en redención de cualquier pecado.

Me dirijo a usted, borrego empecinado,
aquejado y corroído
de incivismo imperdonable.
Pudiera ser que mi pluma
otrora púdica y recta
se haya empapado en frascos
de vulgar y tóxica tinta,
licuada sin duda alguna
de aquella cloaca en que expela
el demonio más indigesto.

Me dirijo a usted, peinapiedras peripuesto,
porque sólo puedo
dirigirme a usted,
armado como estoy
de lienzos contra sus brochas,
de espaldas contra sus fustas,
de puerros contra su piara.

Me dirijo a usted, longaniza majara,
para agradecer insinceramente
el esmerado trazo,
el exquisito verbo
y la razón medida
empleados en sus misivas
pregonando comparecencias
de sus botas reforzadas
en nuestros culos dispuestísimos.

Atentamente, y sin otro particular,
Licaón