martes, 27 de noviembre de 2012

Vacío insaciable



Explotaron las frases arrancadas
en tormenta de anónimas vocales,
revelando santísimos grïales
donde antaño moraban falsas hadas.

Se fugaron razones enjauladas
de entre vanos barrotes lacrimales,
declarándose víctimas fatales,
con estancos errores enjuiciadas.

Se cubrió la memoria de corteza,
que fraguada en su lava de insustancia
cobra inédita y áspera belleza.

La verdad advertida en tal proeza,
que es engaño infinito la ignorancia
y es vacío insaciable la certeza.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Me gustaría decir que sí (fragmento)



[...]


Sobre todo, me gustaría viajar
y que viajases de mi mano.
Te encantaría encontrar
los mil lagos que he soñado.
Los albores, tan sutiles,
nos traerían el recado
de que es nuevo el nuevo día
y ni noche es el pasado.
Y los bosques, y los cielos,
y las aves, y los peces,
y las flores, y los ríos,
mecerían con cuidado
nuestras almas sin cadenas,
tus pupilas ya sin pena…

Me gustaría decir que sí.
Me gustaría recordar
aquella vez; eras feliz,
y fui yo quien te hizo así.

Apenas



La intención es vana;

la fuerza, efímera;

la razón, disparatada;

la esperanza, una cárcel
cuyos negros barrotes,
estrechos e insultantes,
muestran un allá inalcanzable,
un recuerdo inolvidable;

la distancia, un tenaz veneno;

el tiempo, un engaño infinito,
un presente eterno y vacío
que devora el futuro
para enterrar el pasado;

la luz, opaca;

el espacio, denso, desigual;

la lluvia, lo único que seca,
lo único que queda;

el sentimiento es áspero,
casi puntiagudo,
es un cristal engañoso
del color de las rosas,
del color de la sangre;

el sentimiento es el caos,
mas el único sentido;
es la estrella en cada noche
que Morfeo fue abatido,
el reproche de un fantoche,
que aunque hiriente y malherido,
te recuerda en un latido
qué es la muerte y dónde hay vida,
que aun fingida y abatida
e infalible hacia el olvido
brilla el trecho recorrido
en que vive compartida.


Mas la vida…
unas cuatro líneas
cortadas sin piedad, sin orden,
que apenas roban algo
de su blanco a la cuartilla.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Luciérnagas



No será la voz leyenda,
ni la fuerza ajena.
No será el epílogo
la ominosa y lumínica estela
que huraños cometas tracen
entre vanas cordilleras,
que audazmente disfrace
entre sombra omnipresente
un vacuo fin
de febril deseo,
la aceptación de una orden
carente de alternativa
de decisión meditada
con esperanza acometida.
No serán las impropias máquinas
quienes resuelvan la noche,
sino las luciérnagas.
No será el espacio
un pliego vacío y conforme,
sino brillante, enorme e insuficiente.
No será la lluvia
el autómata sirviente
de periódicas estaciones.
No será la muerte una cura
al tenaz y endeble sino
que sin mérito perdura.
No será el fuego a la yesca,
ni el mar a los ríos,
ni el diablo al averno.
No lo será, a buen seguro,
porque dejará de serlo.

Se acuerda el cielo



Llueve a cántaros en mi ventana.
Las tormentas comienzan rápido
y, como los versos, terminan
sin llegar hasta el final
y hasta que llega el siguiente.
Son ruidosas, bellísimas,
y se acaban.
Impertinentes, salvajes,
y se acaban.
Toco mi ventana y noto
que ya empezó a secarse.
No hará falta empañar este papel.
A veces, si te olvidas llorar,
se acuerda el cielo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Maldición pirata


Cadáveres por doquier.
Cañones emancipados
bajo olas por alquiler.
Cascotes resquebrajados
flotando desamparados,
retoños de una corriente
que viste burlescamente
de mar a los desterrados.

Mil sueños tergiversados.
Mil lienzos sobre batidas
por sangre malterminados.
Mil trampas inadvertidas,
mil hitos de sumergidas
leyendas filibusteras,
vil vivir, muertes austeras,
arma, mano y fe podridas.

Estampas boquitorcidas
fundidas en ley cerrojo
que secuelas consabidas
dicta Dios, divino antojo:
“Mortales de vacuo arrojo
en pos de ajenos altares:
quien busque reinar los mares
los debe teñir de rojo”.